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Mi experiencia en China, por Alejandro Fernández.

Cuando uno vuelve a casa tras quince días recorriendo un país, repasa su ruta en el mapa y comprueba que sólo ha descubierto una pequeña porción del mismo, se da cuenta de la magnitud del destino. Un gigante de historia, de naturaleza, de cultura. El hecho de poder volver, y volver, y realizar rutas totalmente diferentes cada vez. Y en todas acabar maravillado como la primera. Un mundo en sí mismo.

Para una primera visita al país asiático no pueden faltar Beijing y Shanghai pero, si se dispone de tiempo, añadir Xian y alguna zona rural como Guilin hace que la experiencia del viaje sea todavía más completa. Una combinación entre grandes ciudades y pequeñas aldeas, entre el ruido y la calma. El Yin y el Yang, del que tanto oiremos hablar durante el recorrido, aplicado ya desde el inicio.

Mi primera parada fue Beijing, abrumadora e inmensa. Las visitas a la histórica Ciudad Prohibida o el Templo del Cielo nos demuestran la agitación de la capital, con turismo tanto internacional como local. Pero, como decía, en China siempre hay que buscar el equilibro. Pasear sin prisa por los jardines del Palacio de Verano o descubrir el Templo de Yonghe, el monasterio budista más importante fuera del Tíbet, nos ofrecen el contrapunto dentro de una ciudad de más de veinte millones de habitantes. Tampoco puedes dejar de perderte por los Hutongs, barrios tradicionales que forman el casco antiguo de la ciudad y reducto de una vida en Beijing que se resiste a desaparecer.

Para la siguiente jornada, la mítica Gran Muralla. Desde Beijing el sector más accesible es Badaling. Totalmente restaurado también es el más visitado por lo que en temporada alta puede estar algo abarrotado. Como alternativa y prácticamente a la misma distancia está el sector de Mutianyu. Igualmente restaurado, sus desniveles, algo mayores que Badaling, provocan que esté menos concurrido. Su tramo transcurre por una bonita zona boscosa y los más cómodos pueden acceder a el mediante un teleférico.

Todavía asimilando todos estos lugares emblemáticos nos dirigimos a Xian, al que llegamos con el famoso tren bala en menos de cinco horas.

En Xian hay una visita imprescindible: los Guerreros de Terracota. Y si, es imprescindible por muchas reproducciones que hayáis podido ver. La fosa principal donde se encuentra el ejército de infantería te deja boquiabierto. En ella también se puede seguir todo el proceso desde que desentierran una pieza nueva hasta que encaja en el inmortal ejército del emperador Qin Shi Huan. Otra fosa con los generales y una tercera en la que se ha empezado a excavar recientemente completan este memorable lugar.

Pero, al igual que Beijing, Xian tiene mucho más que ofrecer.

Una buena forma de conocer la ciudad es desde dentro hacia fuera. Empezando por un centro histórico en el que visitar las torres del Tambor y la Campana o la Gran Mezquita del barrio musulmán con su arquitectura mestiza entre china y árabe. Todo este centro está protegido por una de las murallas mejor conservadas de todo el país, y que se puede recorrer en su totalidad ya sea dando un paseo o alquilando una bicicleta. Contemplar desde sus doce metros de altura las construcciones históricas a un lado y los imponentes rascacielos con modernos parques en otro es, sin duda, una de las imágenes que definen la China actual.

Tras estas primeras jornadas cargadas de cultura e historia, es el momento de recuperar el equilibro con la tranquilidad que nos aporta una naturaleza única. Uno de los parajes naturales más espectaculares de China es la zona kárstica entre la ciudad de Guilin y la aldea de Yangshuo. Tras un vuelo doméstico de apenas dos horas, aterrizamos en una China totalmente diferente a la que hemos conocido hasta ahora. Guilin, atravesada por el río Li, es una ciudad mucho más pequeña con numerosos parques y paseos alrededor de los múltiples lagos que componen su centro. Es allí, en la orilla del lago Shan, donde se encuentra su postal más conocida: las pagodas del Sol y la Luna. Preciosas de día e inolvidables de noche.

Siguiendo el tranquilo paseo puedes llegar a la calle Zhenyang, ya más comercial y turística con numerosas opciones para comer de forma más occidental, o puedes perderte por el barrio de Yanshan y probar auténtica comida local. Tras una vuelta de reconocimiento encontramos varios restaurantes interesantes. Casi todos tienen fotografías de sus platos y, al final, con un poco de intuición y osadía se pueden descubrir grandes recetas y sabores. Eso si, el traductor del móvil es imprescindible ya que muy poca gente habla inglés fuera de los círculos más turísticos. La expresión "pula", "sin picante" en chino, también nos salvará de más de una sorpresa.

Desde Guilin hay varias visitas recomendadas: las terrazas de arroz en la zona de Longshen, o la visita a la aldea de Yangshuo tras un trayecto fluvial por el río Li sumergido en un paisaje kárstico inolvidable. Nos decantamos por esta segunda opción pero, en lugar de volver el mismo día, pasamos la noche y el día siguiente en la aldea.

A pesar de que el turismo se empieza a notar en la zona, una vez te alejas del embarcadero y su calle principal la calma se abre paso entre mágicas montañas de suaves perfiles. También es una oportunidad única para observar la pesca con cormoranes que todavía se practica en la región.

Recomiendo alquilar bicicletas o incluso moto eléctrica y dar una vuelta por los alrededores, incluyendo la famosa montaña Moonhill. El tráfico en China, al igual que casi todo el sudeste asiático es caótico, con motos apareciendo desde todos los rincones pero, superados los primeros minutos, ya eres uno más en dicho caos y una vez fuera del centro se puede circular con cierta tranquilidad.

Guilin nos ha mostrado la calma de la China rural y ahora toca dirigirse hacia el este para ir a Hangzhou. La capital de la provincia de Zhejiang, conocida como "paraíso terrenal", ha logrado combinar la modernidad con la belleza de su entorno sobre todo gracias a su espectacular Lago del Oeste, declarado Patrimonio de la Humanidad y fuente de inspiración de escritores y poetas chinos a lo largo de la historia. Una sucesión de jardines, pagodas y templos nos ofrece infinidad de postales para el recuerdo miremos donde miremos.

No muy lejos del Lago del Oeste se encuentra la siguiente visita, el Templo de Lingyin, o del Alma Escondida. Datado en el siglo IV, este templo budista contiene una de las mayores colecciones de tallas de Buda, ya sea en la propia piedra de la Colina Voladora como repartidos por sus numerosos e imponentes salones. Paseando por el complejo, el Buda Sonriente nos ofrece su hospitalidad entre nubes de incienso.

Si no se ha perdido la noción del tiempo entre tanto paraje único, todavía se puede visitar la calle Qing He Fang. Un bonito paseo peatonal que rememora la China antigua aunque ya totalmente orientado al turismo. En ella destaca la que dicen es la farmacia más antigua de China.

Por la belleza del entorno y la cercanía de Shanghai, Hangzhou y la vecina Suzhou reciben miles de visitantes al día provocando masificaciones en los puntos más populares y cierta sobreexplotación del negocio turístico. La presencia de restaurantes dentro del propio Templo de Lingyin es un ejemplo de ello.

Y si hablamos de masificación, no podemos finalizar nuestra visita a China sin descubrir Shanghai. Tras un trayecto en tren de menos de una hora llegamos a la ciudad más occidentalizada del país. La única en la que no se nos quedan mirando por la calle o en el metro ni nos hacen fotos. Una ciudad moderna y bulliciosa, salvo pequeños rincones, totalmente entregada a los negocios, diseño y modernidad.

Visitamos el jardín privado de Yuyuan, construido en el siglo XVI por un funcionario que quería ofrecerle un retiro tranquilo a sus padres. El lugar, concurrido como todo Shanghai, es muy bonito y ofrece un agradable paseo aunque la sensación de paz se diluye pronto al llegar a los bazares que rodean el lugar.

De todas formas, la estrella de Shanghai es Pudong, el distrito financiero y skyline más representativo de la ciudad, junto al Bund, barrio de la época colonial con estilo europeo y "balcón" del propio Pudong. En el se encuentran los cuatro edificios más llamativos e imponentes: la Torre de la Televisión Perla de Oriente, la torre Jin Mao, el Shanghai World Financial Center y la torre Shanghai. Este último es el segundo edificio más alto del mundo con sus 629 metros pero todavía no estaba inaugurado durante nuestra visita así que subimos al SWFC. Su mirador totalmente acristalado encima de la "ventana" que forman las últimas plantas del edificio hacen que el elevado precio de la entrada duela un poco menos. Espectacular.

Volviendo al Bund, sus vistas de Pudong se vuelven de ensueño a medida que llega la noche y se iluminan los edificios. Todo un espectáculo visual en el que la policía de Shanghai tiene que regular el paseo debido a la cantidad de gente que se aglomera para fotos de todo tipo. En este punto recomiendo reservar para cenar en alguno de los restaurantes en los edificios de primera linea y contemplar la vista tranquilamente desde su terraza.

Nuestro viaje llegaba a su fin y tras el apagado de luces de Pudong volvemos a preparar la maleta para iniciar la vuelta. China y sus contrastes me han fascinado. Uno de esos países que hay que vivir desde dentro, sin miedo a perderse por sus calles, a entrar en sus comercios y restaurantes locales y no molestarse por sus fotos y curiosidad, que es la misma que la mía por ellos. Eso si, la barrera idiomática y, en ocasiones, cultural es un handicap y sí recomiendo llevar todo la "logística" (billetes de tren, avión, alojamientos, etc) preparada de antemano. Existen paquetes de viaje organizados pero con muchísimo tiempo libre que son ideales tanto para los viajeros más cómodos como para los aventureros

El tiempo extra es la clave para disfrutar plenamente de un país como China. No os conforméis con las visitas más famosas, que debéis hacerlas porque son inolvidables, pero salid y descubrid un país que ofrece una experiencia única en cada rincón.

Por mi parte, ya pienso en mi siguiente visita: el monasterio suspendido de Datong, el parque nacional de Zhangjiajie donde se rodó Avatar o Honk Kong ya están en la lista.

Seguro que quieres conocer más del gigante asiático, por ello te recomiendo no te pierdas la guía de viaje de China.

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