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Arequipa

Visitar la ciudad de Vargas Llosa

Nada más llegar a Arequipa nos llamará la atención la forma de hablar de sus habitantes. Es una de las pocas localizaciones en las que se utiliza el ‘voseo’ (vos) en su habla habitual. Además de su particularidad en el habla, el lenguaje que mejor maneja Arequipa es el de la economía, muy destacada en todos los tramos de su historia y punta de lanza desde que se construyó el ferrocarril Arequipa-Islay, que facilitaba la salida de los muchos productos que se producían y producen allí.

Otra particularidad de nuestra visita a Arequipa -también en buena parte de ciudades peruanas- es su altitud, y ya sabemos que a grandes altitudes se respira distinto. La parte más baja de la ciudad está a 2.041 metros sobre el nivel del mar; la más alta, a más de 2.800. La altura y su proximidad al desierto de Atacama hacen que aquí se registren los más altos índices de radiación del Perú. Hay que ir protegido del sol. Podemos tener diversos motivos para visitar Arequipa y en todos ellos veremos cumplidas nuestras expectativas. La ciudad tiene un fuerte acento comercial e industrial, lo que permite más variedad en nuestras opciones de compras que otras muchas ciudades del país. Al contar con un rol urbanita, la oferta de restauración también es más amplia y diversa. Y si lo que buscamos es una arqueología única, tampoco fallaremos en Arequipa, la ciudad del sillar, una piedra volcánica normalmente blanca muy presente en la mayoría de sus edificaciones históricas. En nuestro primer paseo ya comprobaremos cómo las grandes casas se caracterizan por estructuras con arcos semicirculares y techos en bóveda, normalmente de sillar. Aquí nos daremos cuenta de como la arquitectura religiosa es la que ofrece edificaciones más espectaculares. No podemos abandonar la ciudad sin visitar el Monasterio de Santa Catalina, que es el monumento espiritual más importante de todo Perú. Hay que decir que cualquier visita o paseo por las calles de Arequipa merece ser realizada dos veces: una de día y otra de noche. La iluminación de sus edificios bien merece la repetición.

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