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Montpellier

Alterna la historia con la modernidad

No fue hasta el año 1349 cuando se puso fin a la etapa española y Montpellier fue vendido al reino de Francia. Recientemente vale la pena destacar su notable crecimiento industrial y también de población. Es la octava ciudad francesa por número de habitantes. Se han construido barrios enteros de la nada hasta incluso desplazar el centro de la ciudad hacia el sureste. En ella reside un ejemplo -único en Europa- de urbanismo controlado. Son proyectos de algunos de los mejores arquitectos internacionales que se encuentran en los barrios Antigone, Port Marianne y Odysseum.

El primero de ellos, de Ricardo Bofill en Antigone, es Port Marianne y está en la orilla del río Lez. El más emblemático, a cargo de Jean Nouvel y François Fontès, es el nuevo ayuntamiento. Pero también se pueden descubrir otros barrios en un solo viaje en tranvía, en concreto con la línea 3 diseñada por Christian Lacroix. Junto a estas formas internacionales, en Montpellier se descubre a su vez el placer por lo sencillo. Y es que cuenta con una historia de 1.000 años de antigüedad que alterna lo moderno con más de 70 palacetes del siglo XVII al XIX. Montpellier alberga la universidad más antigua de medicina del mundo occidental todavía en actividad. Sus callejuelas medievales se pueden recorrer a pie o en bicicleta. En ellas grandes marcas de diseño compiten con pequeñas tiendas y mercados locales como el de Les Arceaux o la Esplanade. Esta ciudad no solo destaca por sus edificios, sino también por la paz de la naturaleza que la envuelve. Su diseño y su patrimonio arquitectónico la señalan como una de las citas imprescindibles con el ecoturismo urbano.

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