Circuitos y viajes Japón

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Tokio

La capital japonesa es una megaurbe que permanece viva las 24 horas del día. Es difícil imaginarse el tamaño que tiene, ya que la ciudad en sí tiene algo más de 9 millones de personas, pero si nos vamos al Gran Tokio, esta cifra escala hasta la casi increíble cifra de 37 millones de habitantes. Su vibrante modernidad viene dada no sólo por la vocación tecnológica de la ciudad, sino porque sufrió un gran terremoto en 1923 y enormes daños durante la II Guerra Mundial, de manera que para ver edificios antiguos es mejor irse a otro lugar del país. Tiendas con las últimas tendencias en todos los ámbitos, los trenes monorraíl circulando por las alturas de la ciudad, sus muestras de respeto continuas...esta ciudad es un lugar ideal para dejarse llevar por sus calles y quedarse impresionado por los grandes contrastes. Desde los edificios más inteligentes a templos llenos de fervor. Todo es absolutamente nuevo para los viajeros en esta ciudad, en la que la gastronomía ocupa un lugar fundamental, con una calle llena de restaurantes especializados en uno de los platos fundamentales de su cocina, el ramen, fideos chinos con caldos que se preparan de mil y una maneras posibles. Y no podemos olvidar que es la ciudad con más estrellas Michelin del mundo. Una ciudad impactante que se merece al menos una visita en la vida.

Kioto

Como si fuera el yang del yin que representa Tokio, Kioto compensa la modernidad de la capital nipona ofreciendo a los viajeros un lugar tranquilo, con una población mucho más reducida (unos 1,5 millones de habitantes) y con una fuerte espiritualidad que queda reflejada en los más de 1.000 templos que habitan esta ciudad. Así, en lugar de apostar por el metro tal como conviene hacer en Tokio, en este caso la mejor manera de moverse por la urbe es el autobús, que nos permite además ir disfrutando de todos los edificios históricos que incluye. Trajes típicos, lagos, jardines, bicicletas...una ciudad que invita a pasear largamente por ella para conocer, por ejemplo, Gion, el barrio de las Geishas; las calles de Sannen-zaka y Ninen-zaka, dedicadas enteramente a la artesanía, o las grandes piedras del jardín del templo Ryoan-ji. Una ciudad llena de historia en la que disfrutar también de su gastronomía y, por qué no, de dos de las tradiciones japonesas más extendidas: los baños con aguas termales y las representaciones teatrales.

Osaka

Con sus más de 2 millones de habitantes, Osaka es una de las ciudades más vibrantes del país gracias a su puerto y a su gran actividad industrial. Esta localidad podría unir la modernidad de Tokio (que le viene también en parte por la destrucción que sufrió en la II Guerra Mundial) y la tradicionalidad de Kioto, aunque con su toque particular y una dedicación especial a las compras y a la vida nocturna. Su bahía es también un lugar de diversión por el que merece la pena pasear y subirse a la noria Tempozan para tener unas increíbles vistas de la ciudad. Otra visita imprescindible allí es el parque en el que se celebró la Expo Universal de 1970, donde se puede aprender mucho, por ejemplo, del diseño paisajístico de jardines de este país que tanta importancia da a estos espacios dentro de sus ciudades, ya sea con el verde de la vegetación o con el gris de la piedra. Y en Osaka hay una actividad que se hará se quiera o no, que es comer mucho y bien, ya que los habitantes de esta urbe disfrutan como nadie de la exquisita gastronomía japonesa.