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Viajar a Maldivas

1. Maldivas, todo un espectáculo

¿Es posible llegar a cansarse de tanta belleza? Quién sabe, tal vez los habitantes de este país dejaran de prestar atención al maravilloso paisaje que les rodea hace tiempo. Pero nosotros, los viajeros ávidos de experiencias nuevas y de lugares que llenen nuestra memoria de imágenes imborrables, no nos cansaremos jamás de contemplar la belleza de Maldivas. Sus playas de arena blanca y fina, sus cristalinas aguas de color turquesa y los arrecifes coralinos que se encuentran bajo su superficie, los atolones en torno a los que se arraciman unas islas que parecen sacadas de una postal… La lista de argumentos que convierten a este país en uno de los más bellos del mundo es enorme, casi tanto como la huella que dejará Maldivas en nuestra memoria viajera.

2. Vivir dos metros por encima del agua

La lista de maravillosas experiencias que se pueden vivir en Maldivas puede resultar difusa, casi borrosa. No tiene un principio concreto, y su final se pierde entre las aguas del Océano Índico. Sin embargo, mirándola atentamente, salta a la vista que hay un hilo conductor, algo que da coherencia y sentido a todas esas experiencias, dotándolas de un carácter único y singular. Se trata del agua, el líquido elemento, tan sencillo y tan complejo al mismo tiempo. La geografía, la naturaleza y la esencia pura de Maldivas no se puede entender ni explicar sin hacer antes una reverencia al agua del mar, que todo lo rodea y todo lo llena de vida. Además del buceo, de los arrecifes de coral, de las playas de ensueño, de los barcos, de los cruceros, de los peces de colores, de las olas, del surf, de los amaneceres, de las puestas de sol y de la espuma que besa incesantemente la blanca arena de sus islas, las aguas de Maldivas esconden un regalo más. Un regalo para el viajero más atrevido, que podrá, si lo desea, pasar sus días, y sobre todo sus noches, en una villa construida a dos metros sobre el agua. Un bungalow levantado sobre unos pilotes que se yerguen sobre las olas del Índico, y al que solo es posible acceder mediante una pasarela de madera. Existen fotografías y vídeos de estos alojamientos, más propios de un sueño que de la vida real. Existen también testimonios de otros viajeros que ya han vivido la experiencia. Lo que no existe, desgraciadamente, es la posibilidad de describir con palabras lo que se siente al despertarse por la mañana y asomarse al azul infinito del océano desde una de estas mágicas construcciones.

3. Islas para todo, islas para todos

Cuando se viaja a un nuevo destino, la preparación previa a la partida suele ser casi tan emocionante como el propio viaje. Mapas, guías, consejos, foros de Internet… Consultamos todas las fuentes a nuestro alcance para llegar con los deberes hechos. Pero cuando se viaja a Maldivas, ni siquiera es posible saber a ciencia cierta cuántas islas forman el archipiélago. Solo unos pocos de sus cerca de 1.200 pedacitos de paraíso están habitados, y buena parte de los demás aparecen y desaparecen cada día, a causa de las caprichosas mareas que mueven las aguas del Océano Índico. En Maldivas encontraremos islas deshabitadas, que nos hacen sentir como el auténtico Robinson Crusoe. Este inmortal personaje creado por Daniel Defoe da nombre, por cierto, a una actividad muy popular que ofrecen muchos resorts del país, y que consiste en ser “abandonado” en una isla desierta durante toda una jornada. También hay en Maldivas islas habitadas, alrededor de 200, que igualmente se pueden visitar, y que garantizan al viajero la experiencia única de observar cómo viven sus habitantes, al margen del turismo y de los desarrollos hoteleros, dedicándose a la pesca y a la artesanía como hacían sus abuelos y los abuelos de sus abuelos.

4. La auténtica magia se esconde bajo la superficie

No se puede hablar de Maldivas sin hacer referencia a los arrecifes de coral que se encuentran bajo la superficie de sus aguas cristalinas, de un profundo azul turquesa. Tal es el atractivo de estas formaciones naturales y de los miles de pececillos de colores que nadan a su alrededor, que la mayoría de los viajeros que visitan Maldivas acaban contratando un curso de buceo y alquilando un equipo completo para maravillarse con este espectáculo submarino. Incluso los que ni siquiera habían contemplado esta opción antes de iniciar su viaje. De hecho, existe una estadística, bastante más oficiosa que oficial, que afirma que siete de cada diez personas que llegan a Maldivas terminan buceando bajo sus aguas. Realidad o ficción publicitaria, lo cierto es que la belleza de los fondos marinos de estas islas rivaliza con la de su superficie.

5. Un deleite para los cinco sentidos

Bajar del avión en el aeropuerto internacional de Malé y comenzar a sentir el embriagador aroma de Maldivas es prácticamente una misma cosa. La vista, claro está, es el primero de los sentidos que capta la belleza del entorno. Los ojos del viajero, sin siquiera pedirle permiso, se ponen a lanzar apremiantes señales nerviosas a su cerebro, suplicándole que se esfuerce por retener el mayor tiempo posible todas esas imágenes que parecen salidas de un sueño. El olfato, poco después, se muestra sorprendido, al no ser capaz de catalogar, ni siquiera de identificar, todos esos aromas que percibe. Es mucho más que el olor del mar, de las playas, del pescado fresco recién asado en una parrilla y de los perfumes exóticos que emanan de cada rincón. Se trata del aroma de la libertad, de la felicidad plena y de la satisfacción de saber que acabamos de poner los pies en el paraíso. A continuación le llega el turo al oído, que se maravilla de los sonidos de Maldivas, de la musicalidad del habla de sus habitantes y del arrullo con que las olas del mar lamen las delicadas orillas de unas playas sin igual. El tacto tendrá que esperar hasta que los pies del viajero entren en contacto con la fina arena, y paseen, libres de preocupaciones, hasta que ya no quede playa que recorrer. Y el gusto, ¡ay el gusto! Cuando este sentido despierte, al probar los mágicos sabores de la gastronomía maldiva, ya podremos dar por cerrado el círculo embriagador de las sensaciones que provoca este país. En definitiva, ya podremos afirmar que hemos disfrutado Maldivas con los cinco sentidos.

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