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Un pasado de esplendor

Cuando reinaban los faraones

Desde Narmer, que reinó hacia el 3.050 a.C., hasta la legendaria Cleopatra (que reinó del 51 al 30 a.C.), el legado de los faraones ha demostrado lo que se pudo llegar a erigir en honor de personas consideradas dioses por sus súbditos, en una relación de trascendencia que ha dejado una increíble herencia arquitectónica, la más asombrosa de todo el planeta.

Faraones considerados dioses y divinidades como Amón-Ra en un entorno dominado por la influencia de un río, el Nilo, que influyó como muy pocos en la forja de una civilización. Esta fue la base de una herencia cultural y artística bien conservada, tanto in situ como en los mejores museos de todo el mundo, con la escritura jeroglífica como ‘acta’ de toda una época.

Recorrer, hora a hora, día a día, estos parajes supone todo un gran y emocionante viaje por la Historia, con enclaves tan impresionantes como el Valle de los Reyes, o cualquiera de los terrenos circundantes a los diversos monumentos funerarios. Son el testimonio de siglos de adoración a la divinidad, con el superlativo Nilo como protagonista natural.

La fascinación por el Antiguo Egipto

El misterio de las pirámides

Keops, Kefrén, Micerinos, la escalonada de Saqqara, las de Seneferu… son solo algunos magníficos ejemplos de construcciones admiradas durante siglos en todo el mundo. Legados funerarios a la altura del esfuerzo empleado en su construcción, prodigios de arquitectura aún hoy inexplicables en muchos casos.

Culto a los dioses

Una profunda adoración a la divinidad marcó todas las maravillas creadas por el hombre en estas latitudes, cultos con raíces en la Prehistoria. Isis, Osiris, Anubis, Horus, más la dualidad entre los dioses Amón y Ra marcaron siglos de vida en el Antiguo Egipto y las correspondientes y ciclópeas obras en honor a ellos.

Tradiciones milenarias

El omnipresente Nilo marcaba la vida y costumbres del Antiguo Egipto, desde las épocas de siembra y cosecha al cuidado de las cabañas ganaderas. Por ello, la música y el baile honraban a los dioses, a los faraones, a las buenas cosechas, todo ello en festivales que implicaban a toda la población, testimonio popular de culto a lo divino, recogidos, incluso, en inscripciones en las propias pirámides.

Huella cultural

Si los jeroglíficos han legado a la posteridad un fiel retrato de tradiciones, costumbres y creencias, la vida en las ciudades del Antiguo Egipto, el recorrido continuó con todo tipo de influencias a añadir a la propia herencia asiática: la invasión árabe del siglo VII , la otomana en el XVI, la llegada de Napoleón y sus tropas en el XVIII, el protectorado británico en el XIX, etc.

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