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Sidi Bou Said

Visitar esta localidad de postal mediterránea sin igual

Descubrir el encanto del mar Mediterráneo es posible cuando estás envuelto entre la belleza de la pequeña ciudad de Sidi Bou Said. Sus características construcciones bajitas, completamente pintadas de blanco con puertas y ventanas azules, invitan a todo aquél que pone sus pies en este territorio a relajarse, además de plasmar en su memoria una imagen idílica de este país, donde el cielo se funde con el mar.

Como si de la misma ciudad se tratara, limitando con Cartago, los viajeros descubrirán este pequeño pueblo repleto de las icónicas puertas del país, con su parte superior redondeada, y que adquieren en esta localidad una estampa que llamará la atención de los todos los visitantes. El tono azul con el que están pintadas contrasta con el blanco reluciente de las paredes de las casas y otros edificios. Paseando por las callejuelas de la ciudad podremos ser testigos de la paz que transmite este punto clave de la República de Túnez y, a la vez, descubrir el bullicioso ambiente que rodea sus comercios, repletos de artesanías musulmanas únicas que no querremos dejar de atesorar. Las calles adoquinadas y empinadas conducen hacia las maravillosas plazas 7 de noviembre y Sidi Bou Said. Sus numerosos cafés, detalladamente decorados con alma oriental, fueron lugar de encuentro de importantes intelectuales como Sartre, Oscar Wilde o Simone de Beauvoir. El más popular es el Café des Nattes, con unas vistas que quitan el habla. Su embriagador olor de café y té verde con piñones seducen, y no podremos evitar sentarnos en sus alfombras para degustarlos. Aunque si los viajeros prefieren gozar de las vistas, en estos cafés situados en lo alto de la ciudad podrán gozar de las mejores panorámicas de las calles de Sidi Bou Said con la maravillosa bahía de Túnez de fondo.

Uno de los puntos más visitados de la ciudad es La mezquita Zaouia, que toma su nombre de un santo musulmán que se retiró en este punto a orar. Sus restos permanecen enterrados en un mausoleo en la misma mezquita. Desde su muerte, se ha convertido en un importante punto de peregrinación para los musulmanes. Seguidamente podemos desplazarnos hacia la maravillosa y elevada construcción conocida como el palacio del barón de Erlanger, la familia del cual lo donó a la ciudad alberga hoy un maravilloso museo, el Centro de Músicas Árabes y Mediterráneas. No podemos abandonar esta pequeña ciudad sin conocer Dar El Annabi. Una maravillosa casa tradicional cuidada a la perfección, con un patio al más puro estilo andaluz y un interior que transporta a otra época. Una auténtica vivienda familiar ambientada con figuras de cera que muestran la tradicional Henné, una ceremonia que precede las bodas típicas del lugar.

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